Displasía del Desarrollo de Cadera: Diagnóstico y tratamiento dentro de los primeros 6 meses

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En entradas anteriores de este blog, se ha hablado de la displasía del desarrollo de la cadera (DDC), sus características anatómicas, frecuencia, así como consecuencias en caso de no ser tratada de manera adecuada y oportuna por el especialista en ortopedia pediátrica. El tratamiento y diagnóstico temprano de esta condición son la piedra angular de un pronóstico favorable de esta enfermedad, y debido a la alta frecuencia de esta alteración en el desarrollo resulta de gran importancia destacar cuál debe de ser el estándar en la atención de todo neonato para realizar un diagnóstico oportuno y saber en qué condiciones los niños deben de ser referidos al ortopedista pediatra para su valoración y tratamiento.

Es importante mencionar que todo recién nacido debe de recibir un examen de las caderas para el diagnóstico de inestabilidad de caderas. Los signos clínicos que orientan al médico experto en ortopedia pediátrica sobre la existencia de displasia de cadera son:

  • Ortolani: Este signo consiste en realizar maniobras de abducción de las caderas recolocando la cabeza del fémur que se encuentra fuera del acetábulo dentro del mismo. Al momento de la realización de esta maniobra se sentirá un chasquido. En caso de encontrar este signo se puede catalogar como una cadera luxada pero reductible.
  • Barlow: Al realizar esta maniobra se juntan las piernas y se ejerce suave presión posterior, con lo cual la cabeza del fémur que se encuentra dentro del acetábulo se sale del mismo. La presencia de este signo caracteriza a la cadera como inestable ya que se sale de la articulación.
  • Asimetría de Pliegues: La asimetría de pliegues es un dato que puede relacionarse a esta enfermedad ya que denota la presencia de una dismetría en las extremidades, sin embargo, es un signo que en gran cantidad de los casos no tiene relación con esta enfermedad y puede ser parte de una asimetría fisiológica relacionada con el volumen del tejido graso o muscular u otra condición.
  • Galeazzi: Este signo se caracteriza por una diferencia en la longitud del fémur, el cual puede ser a consecuencia de una diferencia en la longitud por una cadera luxada o una diferencia en la longitud del fémur.
  • Asimetría en la abducción: Este dato es uno de los más confiables y debe hacer sospechar al médico sobre la presencia de algún problema en las caderas. En la DDC particularmente esto se debe a una diferencia en la tensión de los músculos aductores, secundario a una diferencia en la posición de la cadera, lo cual limita su adecuada movilidad.

Ante la presencia de cualquiera de estos signos clínicos, el recién nacido debe ser referido oportunamente con el especialista en ortopedia pediátrica para descartar o confirmar una DDC y en caso de ser necesario recibir tratamiento. Ante la presencia de factores de riesgo para DDC, se debe de realizar un examen más minucioso y detallado por un examinador experimentado y la realización de un ultrasonido de cadera, el cual se considera el estudio de elección en los primeros 4 meses de vida para el diagnóstico imagenológico de la DDC. Los factores de riesgo a los que hacemos referencia son:

  • Historia familiar.
  • Posición pélvica durante el embarazo.
  • Tortícolis congénita.
  • Metatarso aducto (Malformación del pie).
  • Oligohidramnios (Falta del líquido amniótico durante el embarazo).

Debido a que esta condición es más frecuente en las mujeres y primogénitos, cualquiera de estas condiciones adquiere una mayor relevancia en este grupo de pacientes. Como ya se ha mencionado, el estudio de elección durante los primeros 4-6 meses es el ultrasonido de cadera. Es un estudio que se realiza en tiempo real, el cual permite observar las estructuras cartilaginosas y óseas de forma estática (morfología), así como realizar un examen dinámico (en movimiento) de la cadera permitiendo diagnosticar casos de inestabilidad, displasía acetabular y luxación de la cadera.

Debido a que la cadera del niño en los primeros 4 meses no tiene áreas osificadas, las radiografías a pesar de que son estudios fácilmente accesibles y de bajo costo tienen la desventaja de aportar información limitada ya que no muestran  estructuras cartilaginosas y son estudios estáticos que no permiten diagnosticar casos de inestabilidad que eventualmente darán como resultado un pobre desarrollo acetabular a largo plazo. A partir de los 4 meses es un estudio que aporta mayor información relacionada a la adecuada aparición del centro de osificación de la cabeza femoral, así como desarrollo acetabular, por lo cual puede ser usado de forma más confiable, sin embargo, en mi práctica prefiero el uso de el ultrasonido de cadera en los primeros 6 meses de vida por las ventajas que ofrece ya antes mencionadas.

El tratamiento preferido dentro de los primeros 6 meses de vida es el arnés de Pavlik, el cual tiene un índice de éxito reportado del 90%, siendo más efectivo entre más tempranamente sea aplicado. Este dispositivo está compuesto por una serie de cintas que fijan el dispositivo al torso y por medio de cintas adicionales mantienen la cadera en flexión (90-120º) constante permitiendo una mayor abducción de las caderas gradualmente con la gravedad. Así como de forma dinámica con el movimiento de las piernas permite empujar la cabeza del fémur dentro del acetábulo, y con ello estimular el crecimiento y desarrollo de la cadera. Esta indicado cuando la cadera está luxada pero puede ser reducida (Ortolani +), está reducida pero puede ser luxada (Barlow +), caderas con hallazgos ultrasonográficos anormales posterior a las 6 semanas de edad.

Se usa el arnés de forma continua hasta confirmar estabilidad de la cadera, y posterior a esto se permite retirarlo para el baño. El uso del arnés se continúa 6 semanas más una vez alcanzada la estabilidad, sin embargo, en niños tratados de forma más tardía se prefiere su uso por mayor tiempo para permitir una mayor estimulación acetabular.  En caso de que permanezca luxada la cadera posterior a 4 semanas de uso, se suspende este tratamiento y se procede a un examen bajo anestesia de las caderas y otros tratamientos.

Como conclusiones de este texto es importante recordar que la clave de un tratamiento exitoso de la displasia del desarrollo de la cadera radica en un diagnóstico y tratamiento temprano, para esto es importante que bajo la menor sospecha de DDC, el niño sea referido a un especialista en ortopedia pediátrica con experiencia y conocimiento de la enfermedad para hacer una adecuada valoración y en caso de ser necesario dar tratamiento con el fin de permitir el desarrollo de una  articulación normal.

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