¿Qué es la espondiloartritis anquilosante y por qué es necesaria su atención especializada?

 En Ortopedista, Traumatología, Traumatologo ortopedista

En publicaciones anteriores en el blog de Orthodaba hemos presentado las características de distintas condiciones que requieren la atención en traumatología porque afectan el estado de los componentes del sistema musculoesquelético y hemos hablamos del tipo de tratamiento indicado por especialistas.

Para que nuestros visitantes conozcan más acerca de otros padecimientos que pueden afectar el estado de huesos, músculos, tendones y ligamentos y logren acudir a consulta médica en cuanto identifiquen los signos y síntomas que los caracterizan, en esta ocasión hablaremos de una condición que afecta las vértebras de la columna conocida como espondiloartritis anquilosante.

Antes de comenzar es importante aclarar que lo presentado aquí únicamente es de carácter informativo y no tiene como objetivo reemplazar la opinión de un especialista ni funcionar como una guía para el autodiagnóstico, tan sólo pretende ser como una herramienta de orientación para saber cuándo es necesaria la atención médica y la importancia de la misma.

En caso de identificar signos y síntomas que hagan sospechar de algún problema de salud en la columna puede consultarse a un médico general que los refiera con un especialista y es importante considerar que para la atención y tratamiento integral de cualquier problema es necesaria la intervención de un grupo de profesionales como un traumatólogo ortopedista, fisioterapeuta, cirujano, neurólogo, entre muchos otros.

Dicho lo anterior podemos entrar de lleno al tema que nos interesa hoy, la espondiloartritis anquilosante. Se trata de una enfermedad de tipo inflamatorio que puede producir la fusión entre algunas de las vértebras, lo que tiene como resultado una disminución de la flexibilidad de la columna y una postura en curvatura hacia adelante, y en caso de que la costillas se encuentren afectadas, incluso pueden presentarse problemas respiratorios.

Se ha identificado que este padecimiento se presenta con mayor frecuencia a la población masculina y que en general sus signos y síntomas comienzan a manifestarse a principios de la adultez. Cabe mencionar que además de la inflamación de la columna otras partes del cuerpo también pueden inflamarse, por ejemplo, los ojos.

A pesar de las continuas investigaciones médicas, la espondiloartritis no tiene cura, aunque sí existen algunos tratamientos que alivian sus síntomas característicos y contribuir a evitar que la enfermedad avance de manera acelerada.

Los signos y síntomas iniciales que acompañan la espondiloartritis anquilosante es el dolor y la rigidez en la espalda baja, así como en la cadera, los que son más fácilmente identificables cuando se pasan períodos de inactividad o en las mañanas. El dolor en el cuello y una sensación de cansancio son otros de los síntomas más frecuentes de esta enfermedad inflamatoria.

Estos síntomas pueden mejorar, empeorar o desaparecer en intervalos irregulares del tiempo y las áreas afectadas pueden ser distintas, aunque las más comunes son las vértebras de la espalda baja, la articulación que sacroilíaca, que se encuentra entre la base de la columna vertebral y la pelvis, los lugares donde los tendones y ligamentos se unen a los huesos, en las articulaciones de las caderas y los hombros y en el cartílago localizado entre las costillas y el esternón.

En caso de que se identifiquen estos síntomas, o un dolor constante en la parte baja de la espalda o los glúteos que empeora con el reposo, es necesario consultar a un especialista en traumatología, al igual si se presenta dolor y enrojecimiento en los ojos, sensibilidad a la luz y vista nublada.

A través de un diagnóstico el médico determinará las causas de los síntomas y todas las pruebas que lleve a cabo estarán enfocadas verificar si se presentan cambios en las articulaciones y los huesos. Para ello una resonancia magnética puede ser la mejor herramienta de diagnóstico temprano, pues produce imágenes detalladas de los huesos y los tejidos blandos.

A pesar de que no se han identificado las causas precisas de esta enfermedad, se sabe de la influencia de factores genéticos y de riesgo, como el sexo, siendo una enfermedad más común en hombres que en mujeres y la edad, ya que se da al final de la adolescencia o en la adultez temprana.

La importancia de la atención médica radica en las complicaciones que se pueden presentar. Uno de los mecanismos del cuerpo para curarse de la enfermedad es la formación de hueso en los espacios intervertebrales, lo que ocasiona secciones fusionadas entre una vértebra y otra restringiendo su movilidad pero no sólo eso, sino también puede afectar la caja torácica y afectar la capacidad y función pulmonar.

Existen otras complicaciones, como son la inflamación ocular, las fracturas por compresión por la debilidad de las vértebras, los daños en la médula espinal y los nervios que atraviesan la columna, y los problemas cardíacos que afectan a la aorta, ocasionando su inflamación y deteriorando su funcionamiento.

El tratamiento para esta enfermedad inflamatoria tiene como objetivo el alivio de los síntomas y el retraso de las complicaciones y la deformidad de la columna, puesto que no es una enfermedad que tenga cura. Además, comenzar con un tratamiento de manera oportuna permitirá evitar que la enfermedad ocasione un daño articular que resulte irreversible.

Para ello se recetan medicamentos, entre los que se incluyen antiinflamatorios no esteroides que alivian la inflamación, el dolor y la rigidez, o bien, el uso de medicamentos biológicos inhibidores del factor de necrosis tumoral que reducen la inflamación, el dolor y la rigidez de articulaciones.

Parte importante del tratamiento para la espondiloartritis anquilosante, además del papel del ortopedista, es la fisioterapia, enfocada al alivio del dolor y a obtener mayor fuerza y flexibilidad para mantener las capacidades de movimiento del cuerpo y una buena postura corporal. La cirugía también puede recomendarse, pero solo en caso de que se presente un gran daño a nivel articular o dolor muy intenso, y en esos casos lo que se hace por ejemplo, es reemplazar la articulación dañada.

Los cambios en el estilo de vida también son importantes para el tratamiento de la enfermedad y en general se recomienda realizar actividad física regular, la aplicación de frío y calor para aliviar el dolor y la rigidez, suspender el consumo de tabaco para no empeorar los problemas para respirar, y mantener una buena postura.

Como parte del tratamiento integral para esta enfermedad se puede recomendar un grupo de apoyo o atención psicológica en donde se les ofrecen a los pacientes estrategias de afrontamiento y apoyo para hacer frente a una enfermedad que tendrán durante toda su vida.

Esperamos que esta información les haya sido de utilidad. Si ustedes presentan alguno de los síntomas aquí descritos o tienen otros problemas que les ocasiona dolor les recomendamos buscar atención médica. Una excelente opción son los servicios que ofrecemos en Orthodaba donde contamos con especialistas en traumatología. Si desean agendar una cita sólo es necesario que se pongan en contacto con nosotros, con gusto los atenderemos.

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