Qué es una luxación y cómo se trata por ortopedia y traumatología

La ortopedia y traumatología son ramas de la medicina dedicadas al estudio y tratamiento de las lesiones que afectan el aparato locomotor del ser humano, ya sea por enfermedades o bien por traumatismos, como es el caso de las luxaciones, de las que hablaremos en esta ocasión. Antes de comenzar es importante recalcar la importancia de acudir con un médico cuando se presenten cualquier tipo de lesión sin importar su causa, esto permitirá realizar su diagnóstico y determinar el tratamiento de manera oportuna para evitar mayores complicaciones que pudiesen afectar considerablemente la calidad de vida del paciente.

Las luxaciones son un tipo de lesión que se caracterizan por la separación de los huesos en la articulación, es decir, en el área en la que estos huesos se unen, lo que ocasiona la pérdida de movilidad, un dolor intenso y la pérdida de la posición normal de los huesos afectados, lo que da como resultado una deformidad en el área afectada en la que se origina un bulto. La separación de los huesos en el área de la articulación puede dar como resultado una luxación total, pero en caso de que la separación sólo se dé de manera parcial o incompleta se dice que se trata de una subluxación.

Las luxaciones se originan por un impacto sobre la articulación ocasionada por una caída, un golpe u otro tipo de traumatismo y sus síntomas son fácilmente identificables. Lo más común es que una articulación luxada ocasione una sensación de dolor intenso, hormigueo y entumecimiento, sensaciones que se ven incrementadas cuando la persona afectada intenta poner peso sobre la articulación o utilizarla. Estas sensaciones se acompañan por una incapacidad de movimiento, inflamación e incluso podría presentarse amoratamiento y una deformidad visible.

Debido a la gravedad de este tipo de lesión es necesario que quien la presenta reciba primeros auxilios. El primer paso siempre es llamar a asistencia médica de emergencia, sobretodo cuando la lesión ha sido ocasionada por un accidente que pueda ser mortal. Si la lesión es grave se tienen que revisar las vías respiraciones, la respiración y la circulación y en caso de ser necesario, hacer control del sangrado que se presente o dar RCP. Cuando la persona afectada presenta una lesión en la cabeza, en la espalda o la pierna se le debe mantener inmóvil hasta que llegue la atención médica. Por el tipo de  traumatismos que ocasionan este tipo de lesiones es posible que se presente rotura de la piel en el área afectada, si ese es el caso se tiene que limpiar la herida para retirar cualquier suciedad visible y posteriormente cubrir con vendajes estériles, medidas que ayudarán a prevenir el desarrollo de una infección.

El área lesionada se tiene que entablillar, o bien, se puede colocar un cabestrillo para auxiliar al afectado pero es necesario que la articulación se mantenga en la posición en la que fue encontrada sin hacer ningún tipo de movimiento. Las áreas que se encuentran por encima y por debajo de la parte afectada se tienen que inmovilizar y se requiere hacer una revisión de la circulación de la sangre en estas áreas circundantes a la herida. La revisión de la circulación se hace presionando con firmeza la piel en la zona afectada, la que se tendría que volver pálida y recuperar su color natural un par de segundos después de liberar la presión. En caso de que la piel presente rotura este paso se puede saltar para reducir el riesgo de desarrollo de infecciones.

La colocación de compresas de hielo en la zona afectada puede ser una buena medida para reducir la inflamación y aliviar el dolor, pero por ningún motivo se debe aplicar el hielo directamente sobre la piel ya que la puede quemar, se recomienda envolverlo en un paño limpio. Si el accidente fue de gravedad es necesario tomar medidas para prevenir que entre en estado de shock, para ello se debe colocar a la persona en posición horizontal y levantarle los pies unos centímetros sobre el suelo cubriéndola con una cobija para mantener el calor. Estas medidas no se deben tomar en caso de que se presente una lesión en la cabeza, las piernas o la espalda.

Es importante que no se mueva a la persona lesionada, salvo cuando la parte afectada se encuentre inmovilizada, tampoco se debe hacer movimientos cuando la lesión afecta la parte de la cadera, la pelvis o los muslos, pero de ser necesario la movilización se debe realizar arrastrando a la persona por la ropa. Se debe evitar intentar devolver a su posición normal los huesos o articulación deformados y el comprobar si se ha perdido su movilidad. En todo caso se debe acudir con un especialista en ortopedia y traumatología para que realice las pruebas necesarias y brinde el tratamiento que se requiere. Como ya mencionamos, si la lesión ha sido ocasionada por un accidente de gravedad se tienen que contactar los servicios médicos de emergencia, lo mismo ocurre cuando el hueso sobresalga sobre la piel, cuando alguna de las zonas afectadas esté fría, húmeda, pálida o presente un color morado, si hay sangrado intenso y en caso de signos de infección como enrojecimiento, calor, pus o fiebre.

En el consultorio médico de un especialista en ortopedia y traumatología se determina el tipo de tratamiento necesario según el lugar y la gravedad de la luxación. Este tratamiento puede incluir la reducción de la lesión para regresar los huesos a su posición normal, la inmovilización con férula o cabestrillo y la cirugía, necesaria cuando la reducción no resulta útil para devolver los huesos dislocadas a su posición. El médico receta también medicamentos para el dolor y un programa de rehabilitación una vez que se hayan retirado los elementos de inmovilización, esto para restaurar el rango de movimiento de la articulación y su fuerza así como para fortalecer el área afectada para la prevención de nuevas luxaciones.

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