Traumatología y ortopedia

En publicaciones anteriores en este blog hablamos de los diferentes tipos de riesgos a los que cualquier persona se ve expuesta cotidianamente, riesgos que pueden generarle un accidente o traumatismo que lesione alguna de las partes que compone su sistema musculoesquelético. Como recordarás, la gravedad de la lesión y el tipo de tratamiento requerido varía según las causas que lo originaron, el estado de salud general de la persona que la presenta y otros aspectos, como su edad y el tipo de actividades físicas que desarrolla, pero en todo caso requiere de la intervención de un especialista en traumatología y ortopedia.

Los especialistas en esta rama de la medicina se encargan del estudio y tratamiento no únicamente de lesiones ocasionadas por traumatismos o accidentes, sino también de enfermedades que afectan a diferentes niveles, el funcionamiento normal del aparato locomotor o sistema musculoesquelético, como también se le llama. Además pueden desarrollar programas enfocados especialmente a la prevención de este tipo de padecimientos, esto para que se reduzcan los efectos del problema que, en términos generales, ocasionan cierto grado de incapacidad física a quien los presenta, ya sea temporal o permanente.

Los traumatólogos y ortopedistas trabajan de la mano de otros especialistas de la salud para ofrecer a los pacientes un tratamiento integral, que les permita una recuperación tanto física como psicológica, pues es bien sabido que la incapacidad para realizar actividades de manera normal implica la pérdida de la autonomía y esto podría derivar en el desarrollo de trastornos como la depresión, por mencionar un ejemplo, que afecta la calidad de vida del paciente en la esfera personal y social.

Si bien, cualquier persona puede verse expuesta, incluso en el momento menos esperado, a sufrir un traumatismo, lesión, o bien, a desarrollar alguna enfermedad que afecte su sistema locomotor, existen grupos de riesgo que son más vulnerables a este tipo de padecimientos. Por un lado se encuentran las personas que presentan predisposición genética, los que por sus características físicas, edad o estado de salud general, pueden lesionarse más fácilmente, como quienes padecen osteoporosis, los adultos mayores, y las personas con sobrepeso. Por otra parte se encuentran aquellos que, por el tipo de actividades que desarrollan pueden presentar lesiones, como los deportistas, los bailarines e incluso quienes se dedican al sector de la construcción. En esta ocasión nos dedicaremos a hablar exclusivamente de los riesgos de lesiones que presentan las personas que se dedican a la práctica de la danza clásica, o ballet y además de describir los problemas más frecuentes brindaremos algunas recomendaciones para prevenirlos.

En la práctica de la danza clásica son los miembros inferiores los que están sometidos a mayores cargas de trabajo, y por tanto, los pies, tobillos, rodillas, muslos y caderas son los que se lesionan con mayor frecuencia. Tal y como ocurre con quienes se dedican a las actividades deportivas, lo más común en la danza clásica es que las lesiones se presenten por sobrecarga, es decir, por repetir de manera prolongada un movimiento o serie de movimientos.

Si bien, las lesiones por traumatismo también son bastante frecuentes, las originadas por sobrecarga son consideradas el mayor problema en este ámbito, ya que  suelen pasar desapercibidas, o bien, no reciben la importancia necesaria y es hasta el momento en que la lesión se ha vuelto grave que se busca la atención médica especializada. Esto tiene varias explicaciones, la primera de ellas es que a veces no se distingue entre las molestias ocasionadas por las características propias del entrenamiento dancístico y las producidas por una lesión. La segunda es por temor a suspender el entrenamiento, pues como es sabido, el tratamiento de una lesión en la mayoría de los casos exige guardar reposo, lo que implica un retraso en el avance del perfeccionamiento de la técnica o perder un trabajo. Por otro lado, las lesiones por traumatismo en danza por lo general tienen su origen en una ejecución incorrecta de la técnica, en sobreesfuerzos y en el uso de superficies poco apropiadas para la práctica de esta actividad.

Los esguinces de tobillo son las lesiones más recurrentes que presentan los bailarines ocasionadas por la inversión del pie, ya sea por practicar en una superficie en mal estado, por debilidad o falta de control corporal. En cuanto se presenta un esguince se recomienda elevar el tobillo, aplicar hielo en la parte afectada y realizar un vendaje de compresión. Su tratamiento incluye fisioterapia, medicación para reducir la inflamación y el dolor y reposo, según la gravedad de la lesión. La tendinitis es otra de las lesiones más comunes en danza y es ocasionada por una sobrecarga de trabajo de alguno de los tendones particularmente por hiperextensión y su tratamiento incluye la aplicación de agentes fríos para reducir la inflamación del tendón y ejercicios de fortalecimiento para evitar que el problema se vuelva a presentar. La tenosinovitis y la tendinitis en el dedo gordo del pie son otros padecimientos que los bailarines de danza clásica presentan con frecuencia y causan dolor al sostener relevés. El tratamiento de este tipo de lesiones incluye, además del reposo y la aplicación de agentes fríos en el área, ejercicios de fortalecimiento muscular y técnicas especiales de fisioterapia, como la ultrasonoterapia.

Debido a las posiciones que se exigen en el ballet existe una tendencia a compensar la falta de rotación natural desde la cadera con una sobrerrotación de los pies, lo que puede ocasionar periostitis, caracterizada por dolor en la tibia que, si no se trata adecuadamente, puede derivar en una fractura. En cuanto a los pies, las callosidades, el hallux valgus (conocido comúnmente como juanete) y la fascitis plantar son las más frecuentes, y si bien, se pueden tratar fácilmente, si no se siguen las indicaciones del especialista, el problema persiste y se desarrolla hasta volverse grave e incapacitante requieren en ocasiones tratamientos quirurgicos.

Los desgarros, contracturas y la fibrosis son las lesiones más frecuentes que se presentan en el área de los muslos, ocasionadas por la fatiga muscular, el sobreestiramiento y por una mala recuperación después de una lesión. Por su parte, las rodillas se ven afectadas por tendinitis, lesiones ligamentarias, desgarros meniscales o traumatismos directos ya sea por sobrerrotación, hiperextension, hiperflexion, desequilibrio muscular o debilidad. La condopatía también es frecuente, sobretodo en quienes tienen hiperextensión en las rodillas o mala alineación, y se ocasiona por un desequilibrio muscular que se puede tratar a través de ejercicios de fortalecimiento y de corrección de la técnica y postura.

Los especialistas en traumatología y ortopedia se encargan del diagnóstico de las que acabamos de mencionar y sólo ellos pueden determinar qué tipo de tratamiento resulta más adecuado, lo que puede incluir desde el reposo, la receta de fármacos para aliviar el dolor y la inflamación y fisioterapia, hasta cirugías. En este punto cabe mencionar que, debido a que el trabajo en danza es físico, los especialistas siempre buscan agotar las posibilidades de tratamientos por métodos conservadores para la recuperación del bailarín, antes de optar por una cirugía. El tipo de terapia, tiempo de recuperación y las características de la rehabilitación siempre varían de una persona a otra y es de suma importancia que el afectado siga al pie de la letra las indicaciones del médico para reducir los problemas que puedan desencadenarse a partir de la enfermedad, evitar futuras lesiones y fortalecer su cuerpo adecuadamente.

Al inicio de esta publicación comentamos que dentro de las funciones de los especialistas dedicados al estudio y tratamiento de lesiones y enfermedades que afectan al sistema musculoesquelético se encuentra la prevención. Es gracias a ello que se tiene conocimiento de una serie de pautas que pueden contribuir a reducir los riesgos de sufrir una lesión por traumatismo o sobrecarga al practicar danza. Las medidas preventivas incluyen una valoración de las capacidades físicas individuales para establecer un programa de entrenamiento adecuado que permita al bailarín desarrollar y potenciar sus habilidades para cumplir con las exigencias de la danza clásica sin que ello suponga un riesgo mayor para su cuerpo. A través de esta valoración se puede identificar la falta de fuerza en un grupo de músculos, limitaciones de rotación, y la presencia de hiperextensiones para fortalecer el cuerpo y tener mayor control para su corrección.

Otra medida para prevenir lesiones es realizar un correcto calentamiento antes de cada clase, ensayo o función, y su respectivo enfriamiento al concluir. El calentamiento debe incluir ejercicios que estimulen la lubricación de articulación, la circulación sanguínea y que aumenten la frecuencia cardíaca de manera gradual, por lo que una serie de estiramientos no son suficientes. El enfriamiento requiere de una serie de ejercicios para la recuperación, y ambos, tanto enfriamiento y calentamiento, varían en tiempo y tipo de actividades que debe incluir, según las necesidades particulares de cada persona.

La elección de la talla y tipo de zapatillas correcto también es fundamental para prevenir lesiones y en todo caso se deben reemplazar cuando ya no se encuentren en buen estado. Usar de manera moderada la resina y ajustar sólo lo necesario las cintas que sujetan las zapatillas al tobillo también puede contribuir a reducir las lesiones en rodillas, tobillos y pies, al igual que el cuidado con el tipo de superficie en la que se practique la danza. Otras medidas, como una dieta balanceada y buenos hábitos de sueño y descanso son destacadas por los especialistas para prevenir estas y otro tipo de lesiones.

Recuerda que por tu salud y seguridad es fundamental que acudas con un especialista en traumatología y ortopedia si sufres alguna lesión o enfermedad que afecte tu aparato locomotor. En Orthodaba ofrecemos un servicio de excelencia y puedes programar una consulta desde nuestro sitio web, o si lo prefieres, por vía telefónica, con gusto te atenderemos.

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